A través de Restless conocemos a Enoch (Henry Hopper), un joven solitario al que le gusta asistir a los entierros de personas desconocidas, y a Annabel (Mia Wasikowska), una chica con cáncer dispuesta a VIVIR el tiempo que le queda. Estos adolescentes, aparentemente raros y, por supuesto, destinados a estar juntos, serán capaces de darnos una lección a todos los que la veamos. Ambos descubren, gracias al otro, que la vida es una gran mierda que merece ser disfrutada al máximo.
Juntos nos demuestran una vez más lo que tanto nos cuesta asimilar, y es que es mejor centrarse en las cosas buenas y dejar de regodearnos tanto como solemos en nuestras propias desgracias. Y, a la vez, poco a poco vamos desentrañando los misterios de su personalidad, de tal manera que dejan de ser tan raritos y empezamos a comprenderlos.
Ambos tienen una manera especial de ver el mundo, Enoch guiado por el fantasma Hiroshi (Ryo Kase) y Annabel a través de la mirada de Darwin. Extremos opuesto el del espiritismo y el de la ciencia. Pero los sentimientos al parecer no entienden ni de ciencia ni de religión, van más allá y no hay discusión sobre ello. Mejor será demostrarlos antes de que sea tarde.
La película está repleta de grandes escenas, sin ninguna duda. Pero, personalmente, me quedo con la última. Pocas cosas hay mejores que una sonrisa sincera.

Mira que me gustó, pero se me había ocurrido esa diferencia de perspectiva, espiritismo vs ciencia. Bien visto. Personajes especiales que se quedan en el recuerdo.
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